William Chakespeare

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28 noviembre 2007

Diario de una ciudadana



¿Qué se celebra en la Navidad?



Madrid, en cuanto a las calles más céntricas se refiere, se encuentra ya engalanada con los adornos típicos de estas fechas y de alto consumo eléctrico. Sin embargo, un año más se nota la preocupación del Ayuntamiento de no hacer patente la palabra Navidad y sus posibles connotaciones religiosas en ninguna de las palabras que lucen en los adornos eléctricos de las calles madrileñas. Se habla de “amor”, “felicidad”, “luz”, “paz” y cualquiera otra expresión típica y tópica que puede servir para adornar cualquier fiesta local sin relación alguna con las fechas navideñas, pero obviando la palabra Navidad, Jesús, Belén, Reyes Magos y todas aquellas que definen a la Navidad como tal fiesta religiosa porque eso es precisamente lo que se celebra y por lo que se engalanan las calles.

Este supuesto olvido voluntario, una vez más, de la palabra Navidad, de toda alusión religiosa de una fiesta que lo es en todos sus aspectos, es una intencionalidad más de borrar todo atisbo de religiosidad de estas celebraciones que se avecinan queriendo así robarle la verdadera esencia para convertirla en una fiesta más laica, civil y mercantil, sobre todo mercantil, por el exagerado consumo que se realiza en estas fechas y para el que están destinados todos los esfuerzos de los empresarios de cualquier tipo de actividad que ven en estos días que se avecinan una fuente inagotable de ingresos que compensan otras épocas de bajo consumo.

Pero lo que incita a la reflexión ren este reiterado y repetido olvido de las palabras que definen la esencia de la Navidad y que hace reflexionar sobre el deseo de las esferas políticas de borrar todo tipo de connotación religiosa en cualquier festividad que se celebre, incluso yendo en contra de la propia lógica de la misma celebración, ya que si a la Navidad y a la Semana Santa se le quita el contenido esencialmente religioso, entonces habría que preguntarse qué es lo que se celebra. Es como quien organiza una fiesta por su cumpleaños, pero les pide a los invitados que no le recuerden ni le feliciten por haber cumplido un año más. La incoherencia está servida en este caso y en el que sirve de base a este comentario.

Naturalmente, habrá quien diga que la culpa la tiene el PP que es el que gobierna en el Ayuntamiento de Madrid, pero no hay que olvidar que las decisiones en una Alcaldía no sólo las toma el Alcalde en cuestión, sino todo el equipo de Gobierno formado por los diferentes Concejales de las distintas Áreas de intereses y actividad que tienen, a su vez, diferentes ideologías y son de distintas formaciones políticas, con las consiguientes opiniones, votaciones y exigencias de todo tipo. No se gobierna por unidad de criterio, sino por lo que marca la mayoría que puede coincidir o no con lo propuesto desde la Presidencia del Consistorio.

Por supuesto, que esto me recuerda lo sucedido en un Instituto de Enseñanza Media en Andalucía en las Navidades de 2006, cuando la directora de dicho centro educativo que era militante del PSOE, arrojó a la basura, sin previo consentimiento del claustro de profesores ni, menos aún, de los propios alumnos, el belén que los alumnos habían montado y pagado con sus propios recursos, por considerar la directora que dicha demostración de fe religiosa podría ofender a los alumnos del centro procedentes de otras culturas religiosas como podía ser la musulmana. Naturalmente, hubo una denuncia contra dicha directora por parte de profesores y alumnos ante semejante actuación de completa incoherencia e irracionalidad y falta de respeto, porque para respetar, supuestamente, las creencias de los alumnos inmigrantes con otras confesiones religiosas, ofendía y vulneraba los derechos de la mayoría católica en su propio país. Es decir, los católicos que vivimos en un país secularmente de mayoría católica a lo largo de la Historia, tenemos que reprimir toda manifestación religiosa para no ofender a los inmigrantes con otras creencias que chocarían con las nuestras. Esto, además de ser, esperpéntico y grotesco, demuestra la incoherencia de los simpatizantes del PSOE que se consideran demócratas, a su vez, y la falta de respeto que tienen con los que piensan de forma diferente a la suya, sobre todo si son compatriotas, porque para estos votantes del PSOE es más importante lo que piense un moro sobre la Navidad que lo que piense su vecino o su compañero de trabajo que es español y tiene el mismo derecho a defender sus creencias y a ser respetados en su propio país sin interferencias ni injerencias de otros supuestos compatriotas e hipotéticos demócratas.

Por último y al hilo de lo que decía anteriormente sobre la omisión de cualquier tipo de palabra sobre la Navidad y de símbolo religioso en los adornos callejeros, las felicitaciones de algunos organismos públicos y los actos que se celebran por estas fechas próximas, habría que preguntar al PSOE actualmente en el poder, a los sindicatos de corte socialista y marxista que están en contra, por su ideología, de todo contenido religioso de la Navidad, que por qué se siguen celebrando como fiesta laboral y, por tanto, de vacaciones obligadas para los trabajadores y no se eliminan del calendario laboral definitivamente, ya que si no somos creyentes católicos para ayudar y mantener la subvención del Estado a la Iglesia Católica y se solicita desde la filas socialistas que sean los católicos los que, libre y voluntariamente, lo hagan, debería aplicarse también el mismo rasero para no “obligar” a días de descanso a los trabajadores que no tienen ningún tipo de creencia religiosa, a “celebrarlos” sin ir al trabajo, porque las creencias no se pueden imponer en un Estado de Derecho en el que el poder político y el religioso deben estar debidamente separados, por lo que no tiene sentido que se mantengan en el calendario laboral fiestas religiosas a disfrutar por el común de los trabajadores con independencia de sus creencias; ya que por ser fiestas de tal índole no deben ser tomadas en cuenta por un Estado laico; porque, al igual que se defiende que sólo los que tengan esa fe católica deberán ser los que corran con la ayuda a la Iglesia, deberían ser los únicos que, por dicho motivo, celebrasen dichas festividades que ahora son de disfrute obligado para todos. Lo contrario es incoherente, chapucero y, sobre todo, oportunista, pero a eso nos tiene ya acostumbrados el PSOE, sobradamente.

Al paso que vamos, los españoles con fe religiosa temen que terminarán pidiendo disculpas por tener unas creencias determinadas, aunque sólo quieren vivirla sin sentirse marginados ni proscritos que es a lo que la sociedad española está tendiendo con los aires anticlericales de un PSOE que no siente respeto nada más que por sus ideas, la de los nacionalistas-separatistas, las de los inmigrantes, con o sin papeles, y las de los amigos iberoamericanos como Chávez, Ortega o Evo Morales. O sea, que con estos compañeros de viajes estamos todos los españoles, católicos o no, apañados si Dios no lo remedia con la ayuda de la ciudadanía española que en marzo de 2008 diga con sus votos: ¡Basta ya!

Ése sería un buen regalo a pedir a los Reyes Magos y no a ese muñeco pintarrajeado que se creó como un reclamo publicitario para la empresa fabricante de la Coca-Cola en la década de los 50, y que conocemos como Papá Noel, el cual se ha convertido ya en el símbolo caricaturizado de unas Navidades carentes de todo significado religioso, en las que ese muñeco barrigón sólo pone el punto colorista a tanta mamarrachada, a tanto disparate y a tanta renuncia a la propia cultura, a los propios símbolos religiosos de unas fiestas que ahora son sólo, por deseo y manipulación de unas cuantos en el poder y de los que les votan, una mascarada en la que nadie sabe exactamente quién es quién, qué se celebra y adónde vamos en este viaje sin retorno a ninguna parte.


Ana Alejandre




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