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17 octubre 2012

El placer de la lectura

 Por Ana Alejandre


Adolescente seleccionando la lectura
Parece ser que los padres cometemos errores cuando queremos conseguir que nuestros hijos lean y se aficionen a ello. Pero el hecho de que quienes tenemos hijos hayamos cometido errores no es nada nuevo, ya que es algo que hasta el propio Freud aceptaba como algo normal e inevitable y lo manifestaba claramente con la siguiente frase dirigida a las madres: «Haced lo que queráis, porque de todas maneras lo haréis mal». Naturalmente, esta frase que parece exagerada, lo único que quiere afirmar es que no se duda de la buena voluntad de los padres, pues estos siempre queremos lo mejor para nuestros hijos, sino que la más probable que con la buena voluntad no baste y, de una u otra forma, siempre nos equivocaremos.
Esta reflexión, cuando se refiere a fomentar el gusto de leer en los niños y jóvenes, lo que desea cualquier padre o madre con un mínimo de cultura -ycaún también se da en los padres sin estudios-, parece que debería llevarnos hasta el éxito en tal difícil empresa, porque en la mayoría de los casos, mayoría bastante elevada, casi siempre fracasa. La pregunta que eso sugiere es ¿por qué?
Portada de la obra de referencia
Y parece ser que la raíz del problema que supone el fracaso en intentar hacer que el niño lea y se aficione a ello es, precisamente, la frase que se suele empeñar cuando se incita a la lectura:”hay que leer”. Según parece, ese imperativo es poco adecuado para lo que es un derecho, pero no un deber, porque el gusto por la lectura, como todo placer, no se puede imponer, ya que de esto deviene el rechazo por parte del  niño o adolescente ante una actividad que, por ser obligatoria, según opinión de los padres, pasa a ser rechazada y odiosa. Esto lo afirma un escritor francés y profesor de literatura, Daniel Pennac, en su ensayo Como una novela” en el que intenta plasmar todo lo que ha estado enseñando durante más de veinte años a padres y educadores, afirmando que el place de leer, no acepta imperativo alguno, como tampoco se puede obligar a amar ni a soñar. Por eso, afirma que es inapropiado y contraproducente obligar a leer, ya que es imposible imponer una afición por la única fuerza de los argumentos.
Dicho autor afirma que la mejor forma de inculcar el amor a la lectura, es precisamente, leyendo, y que los hijos vean que sus padres disfrutan de la lectura. Por eso, todo lector, siempre ha tenido un familiar cercano, un progenitor que les ha transmitido la pasión por los libros con su ejemplo. No es admisible la excusa de la falta de tiempo, porque cuando se tiene deseo o gusto de hacer algo, se saca siempre tiempo para ello. Por eso, se puede decir que es una verdad la que se reduce a esta frase: “padres que no leen, hijos que tampoco lo harán”. Es fundamental, por ello, leer a un  niño, porque es una buena práctica, quizás la mejor y más eficaz para que el niño se habitúe a la lectura, sobre todo aquellos niños que tienen cierta dificultad en leer. Esta afirmación la realiza, Pablo Pascual Sorriba, maestro, licenciado en Historia y logopeda. Este experto en enseñanza, incide en que  el niño comprende mejor el mensaje de cada lectura, cuando lo escucha a sus padres y, por ello, disfruta más con la historia.
Guastave Flaubert, autor de Madame Bovary
Por otra parte, el hábito cada vez más implantado de la lectura silenciosa ha quitado una enorme carga de placer a la lectura, porque la comprensión del texto se basa, en una gran parte, en los sonidos. Por eso,  muchos escritores saben que el sonido y la cadencia es una parte importantísima en una narración y, por ello, Flaubert leía en voz alta su obra maestra Madame Bovary en un tono tan alto que le hacía daño a los oídos, porque sabía que en el propios sonido, en la conjugación de los diversos tonalidades vocales, en la música de las palabras, está inscrita la verdadera esencia de una obra literaria y es mejor aprehendida por el lector que, además de leer, oye.
Por todo lo dicho, los diferentes especialistas insisten en los errores que no se deben cometer para evitar que los pequeños lectores incipientes no pierdan el deseo y el placer de leer. Algunos de estos errores consiste en  preguntar a los niños qué han leído y pedirles que lo expliquen, con  la consiguiente sensación de estar siendo examinado ante un juez implacable que le va a dictar sentencia, porque de ello se deriva la sensación anticipada de que le están queriendo controlar no sólo lo que lee, sino también lo que comprende, y eso es siempre una desagradable experiencia..
Madre leyendo con su hija
Otro punto erróneo en el que siempre se suele incidir, aunque sea con indudable buena voluntad, es convertir la lectura en un castigo, y eso sucede cuando se le dice al niño que, mientras no acabe de leer, no podrá ver la televisión o jugar en la videoconsola, con lo que, queriendo obtener el buen resultado de que el niño lea, se consigue que la lectura se convierta en una amenaza, en un castigo, y la televisión y los videojuegos en el premio, con la consiguiente atracción indiscutible de estos sobre aqueéla.
.           Para terminar, el escritor antes aludido, Daniel Pennac, afirma  en su obra  mencionada Como una novela ,que se puede hacer un decálogo con los diez derechos, no deberes, de todo lector y los resume de la siguiente manera:
            1) Derecho a no leer un libro,.
2) Derecho a saltarse las páginas.
3) Derecho a no terminar de leerlo.
            4) Derecho a releer,.
5) Derecho a elegir la lectura y leer lo que sea.
6) Derecho al Bovarysmo (textualizar).
7)  Derecho  a leer donde sea y uno quiera o pueda.
            8)  Derecho a buscar libros, abrirlos por donde se desee y leer sólo un                                            fragmento. 
            9) Derecho a leer en voz alta.
          10) Derecho a callarse.                                                                                                                           
daniel Pennac, escritor francés, autor de
Como una novela
            Este decálogo original y lógico en su contenido, sólo trata de afirmar una verdad incuestionable: la lectura es un placer de fácil adicción, pero cuando se hace como una obligación, mata todo el placer y se convierte en una actividad tediosa, aburrida y estéril que no le servirá nunca de nada al lector obligado, como no sea para odiar los libros.
            Por eso, hay que estar atentos a despertar en niños y adolescentes la pasión por la lectura, pero respetando su propia idiosincrasia, su temperamento, sus gustos, preferencias y hasta filias y fobias, porque de lo contrario se malogrará un posible futuro lector y sólo se convertirá en un fóbico más de los libros -hay demasiados-, por no haber tenido buenas experiencias en una actividad que debe ser siempre lúdica en la que el verdadero premio de la misma es el placer que emana de esos amigos callados que son los libros, con quienes se pueden entablar incansables y amenísimas charlas enriquecedoras, cuando se ve al libro como tal y no como un enemigo del que sólo hay que esperar aburrimiento y hastío.
            Por eso es tan importante seleccionar bien los amigos, al igual que sucede con los libros, porque no puede surgir amistad de una relación impuesta, ni puede devenir placer y pasión de una lectura obligada.
            La meta es la misma, pero los caminos son diferentes para llegar hasta ella que no es otra que lograr que los niños y jóvenes descubran por sí mismos el placer inmenso de la lectura, porque como dice Mario Vargas Llosa:”la literatura nace del paso entre lo que el hombre es y lo que quisiera ser”.
            ¿Hay una aventura más apasionante que esa?
            

20 mayo 2012

Las cinco cosas más importantes de la vida


...o las cinco cosas de las que nos arrepentimos antes de morir.

por Ana Alejandre

Bonnie Ware
            Según Bonnie Ware, enfermera que lleva muchos años trabajando en los cuidados paliativos a los enfermos terminales, experiencia  de la que habla en su blog y que después vertió en su libro “Regrets of the dying“, lo que  se podría traducir como “lamentos de los moribundos”, en el que afirma que en todos los casos que ha conocido a lo largo de su extensa experiencia profesional durante las semanas que acompañaba a los diversos moribundos, siempre oyó las mismas quejas de quienes, estando al borde de la muerte, hablaban de sus vidas y de lo que se arrepientían por haber hecho mal o por no haberlo hecho nunca.
            Estas quejas se podrían resumir en cinco apartados distintos que ponen en evidencia aquello en lo que coinciden todos los que estaban en el último trance de sus vidas, lo que nos puede alertar a todos los que aún tenemos posibilidad de cambiar de vida o dar importancia a lo que de verdad lo tiene, para no llegar a ese momento crucial lamentando lo que se hizo mal o lo que dejamos de hacer a pesar de desearlo, siendo en realidad lo más importante. Todo ello se relaciona a continuación:
            1º) Lamentos por no haber sido fiel a sí mismo y no haber luchado por sus propios sueños. Es la queja mayoritaria, y quienes la hacen afirman que se equivocaron de vivir sus vidas aceptando ser y hacer  como los demás querían o esperaban que hicieran, sin tratar de vivir sus vidas de acuerdo a sí mismos y a sus propios deseos, necesidades o expectativas. Es decir, sienten que malgastaron sus existencias llevando una vida conformista con lo que los demás esperaban de ellos, sin revelarse ni tratar de ser y vivir como ellos realmente pensaban y sentían.
            2º) Arrepentimiento por haber trabajado tanto y haber quitado, por ello, tiempo a la propia familia, a los seres queridos que es, en definitiva, lo que le da sentido a la vida. Este lamento es muy frecuente en el sexo masculino que se quejan de no haber dedicado más tiempo a su esposa e hijos y haber perdido así un tiempo irrecuperable para gozar de la compañía de los suyos.
Portada del libro  
            3º) Pesar por no haber sido capaces de expresar los propios sentimientos, por temor a enfrentarse con quienes los rodeaban, negándose así toda posibilidad de ser auténticos y de llevar una vida acorde con sus propios sentimientos. La falta de autenticidad y de coherencia entre lo que expresaban y sentían los llevó a vivir una vida frustrante y poco feliz, en la que se negaban a sí mismos la posibilidad de alcanzar su propia realización y la expresión genuina de  sus propias emociones,  necesidad que se frustró en unas vidas en las que se negaban constantemente a sí mismos, falseando sus propios sentimientos.
            4º) Arrepentimiento por no haber cuidado y mantenido más la relación con los propios amigos, aquellas personas con las que establecieron lazos de afectos y amistad profunda. La mayoría de las veces achacan ese desinterés o falta de atención a la escasez de tiempo, a la lejanía, a las muchas obligaciones o cualesquiera otras causas; pero todas ellas los alejaron de quienes les importaban de verdad y cuya compañía les hacían realmente felices. Esta queja e s muy frecuente al igual que quienes se lamentan de no haber estado más tiempo con sus propias familias.
            5º) Lamentaciones por no haberse permitido ser más feliz, haciendo más caso a lo que en verdad sentían, deseaban y. por ello, ser más auténticos, revelándose ante situaciones, personas y hechos que les hacían profundamente desgraciados, pero no tuvieron el coraje de intentar cambiar lo que era el obstáculo para su propia realización personal. Esta es una de las quejas más frecuentes, porque encierra la confesión de no haberse permitidos ser ellos mismos y en esa negación por el propio sentido del deber mal entendido, o por imposición ajena, encontraron su propia desdicha.
            Todos estas quejas y lamentos nos deberían hacer reflexionar que la vida es un determinado espacio de tiempo que se nos ha concedido y debemos vivirla intentando ser fieles a nosotros mismos, porque sólo en esa fidelidad personal y en la autenticidad del binomio sentimientos-hechos podremos encontrar la única posibilidad de vivir con armonía, coherencia e integridad que es la clave de toda existencia para que en ella pueda haber momentos de felicidad y plenitud, sin posibilidad de llegar al final con la sensación dolorosa y amarga de haber desperdiciado la propia vida, anclada en el conformismo y la auto-negación.
            Para terminar hay que recordar lo que dijo el genial Charles Chaplin cuando afirmaba: “La vida es maravillosa si no se le tiene miedo”.
            Ese miedo es el que impide a muchos seres, a una gran mayoría, vivirla y gozarla, a pesar de su inevitable carga de dolor, con toda la intensidad y esperanza que siempre, generosa, nos ofrece.