William Chakespeare

Loading...

Traductor

Google
Google

29 noviembre 2010

Felicitaciones navideñas catalanas





Felicitación navideña del Ayuntamiento de Barcelona para la Navidad 2010

España se prepara para las Navidades  engalanando todas sus capitales y pueblos, cada una de ellas con sus características peculiares, lingüísticas y culturales, pero sobre todo, la diferencia de cada una de las Comunidades  a la llegada de la Navidad y su parafernalia está basada en la formación política que preside la Comunidad y los diversos Ayuntamientos. Es decir, la diferencia se observa sobre la forma en la que cada consistorio anuncia la Navidad, adorna las calles y programa festejos en consonancia con la ideología que representa y el talante que muestra dicho partido político en cada Comunidad y Ayuntamiento hacia estas fiestas, las más importante para los católicos y demás confesiones cristianas.

Por ello, se pueden encontrar Ayuntamientos como el de Barcelona que felicita  las Navidades en múltiples  idiomas como son el ruso, además del árabe y el chino, menos en el idioma castellano, lo que cualquier ciudadano normal comprende en su extraña lógica, debido a la cantidad de ciudadanos que hablan esos tres idiomas citados entre otros en Cataluña.

Este nuevo gesto catalán muestra no solo la fobia  antiespañola que tiene dicho Ayuntamiento ) en el que predominabann las formaciones políticas más radicales y separatistas, por lo que se produce la extraña y absurda intención de felicitar a los musulmanes en lengua árabe por la celebración de unas fiestas que dicho pueblo no celebra, porque la Navidad  es una fiesta eminentemente cristiana.. Pero, por si fuera poco  esta esperpéntica felicitación por algo que no atañe al pueblo musulmán –que es tan disparatada como si a los católicos nos felicitarán por el inicio del Ramadán-, también se felicita al pueblo chino en su idioma y otras muchas comunidades extranjeras en Cataluña, olvidándose de felicitar a los españoles que son además catalanes, de hecho o de derecho, en el idioma oficial del Estado español en el que está ubicado y del que es parte Cataluña, en un desprecio al conjunto de los españoles y de la propia Constitución que afirma el derecho y el deber de hablar y escribir el idioma castellano, oficial en España, de todos los ciudadanos españoles, de cualquier Comunidad –no hay que olvidar que las Comunidades son sólo las distintas divisiones regionales de España que antes de la Constitución de 1978 se llamaban regiones- que forman parte del Estado español y, por tanto, los habitantes de Cataluña son catalanes y españoles, aunque al consistorio barcelonés eso le suene a chino y, quizás, por ello les felicite a los nacionales de ese país asiático las Navidades en su propio idioma, olvidando que la mayoría de dichos ciudadanos practican la religión taoísta, sintoísta y budista, siendo una pequeñísima minoría los cristianos, pero siendo, por el contrario, la inmensa mayoría de españoles-catalanes de religión católica, porque piensan los responsables de dicho consistorio que felicitándoles en catalán, ya tienen bastante.

Pero lo más indignante de esta práctica despreciativa hacia el castellano y a todo lo español, es que está conducta antijurídica, la tenga una entidad de Derecho Público, como es todo Ayuntamiento que, además, está y forma parte del territorio español.

Parece ser que el Gobierno que preside Zapatero, considera digno de ser respetada cualquier nacionalidad, empezando por la catalana, menos la nacionalidad española  de la que, paradójicamente, preside su Gobierno Zapatero y que hace oídos sordos a los continuos ataques nacionalistas a todo lo español, por ese respeto que le despierta todas las nacionalidades, en un continuo alarde de llevar a la práctica ese otro disparate como la Alianza de las Civilizaciones –entelequia imposible-, y lo demuestra permitiendo que el Ayuntamiento barcelonés se cisque en lo español con la sola acción, o mejor dicho, omisión de no utilizar el castellano para felicitar las Navidades a los catalanes-españoles que viven en la propia Barcelona y en toda Cataluña, porque son, precisamente, la auténtica población de dicha Comunidad..

Este tipo de manifestaciones navideñas tienen un sentido y alcance más importante que la propia acción del Ayuntamiento barcelonés por absurda que sea. Los ciudadanos catalanes y el resto de los españoles, en su conjunto, sólo podemos cambiar la realidad política a través de las urnas, para evitar que situaciones como éstas se repitan, porque demuestran cuál es la verdadera realidad que están consiguiendo ciertas formaciones políticas, creando una división entre los españoles y una fragmentación de la propia sociedad catalana que no está de acuerdo, en su amplia mayoría, con la situación  política y social que subyace bajo la simple y ridícula anécdota protagonizada por el ayuntamiento de Barcelona.

El problema está en el propio Gobierno español y en el conjunto de la clase política que no exige responsabilidades a los culpables de hechos como él comentado y que se repiten periódicamente, en una demostración de chulería y provocación por parte de los grupos políticos separatistas, que no sólo no cumplen las Leyes, sino que además  presumen de ello y lanzan retos continuos a un Gobierno inoperante que se mantiene en silencio, haciendo realidad el dicho de que “el que calla, otorga” ante la vergüenza de toda la ciudadanía que no sabe si todo es una simple demostración de debilidad del Gobierno que calla ante estas provocaciones porque no sabe qué hacer, o es que ese silencio ante la provocación es una aceptación tácita de una realidad con la que está de acuerdo, con la que colabora y defiende con el silencio culpable de todo cómplice.

Menos mal que las urnas han arrojado al tripartito y los votantes le han dicho no en las urnas, única defensa de los ciudadanos, a tanto disparate, a tanta acto de provocación y ha colocado a CIU en la presidencia de la Generalitat, dando así un ejemplo de sensatez, de sentido común (el famoso seny catalán) y ha dado también una gran victoria al PP que ha aumentado su número de escaños, con lo que es de esperar que los provocadores de situaciones como la que se ha estado viviendo se vayan a sus casas a recapacitar por qué una inmensa mayoría de ciudadanos catalanes le han dicho un rotundo no y han puesto el punto y final al tripartito y a toda la esperpéntica política que protagonizaba, en colaboración con el PSC que ha obtenido una amplia derrota, lo que debe servir de aviso al Gobierno para que se vaya preparando para las próximas elecciones en las que los ciudadanos, y sólo ellos, tienen la última palabra.







04 abril 2010

La Gran Vía de Madrid cumple cien años




por Ana Alejandre







Esta arteria principal madrileña, cumple sus primeros cien años de vida, ya que el 4 de abril de 1910, el rey Alfonso XIII, dio con la piqueta el primer golpe para demoler “la casa del cura”, edificio anexo a la actual iglesia de San José, que dio comienzo a lo que sería el inicio de la modernidad para Madrid y que circularía a través de la que sería después la Gran Vía.
Con una extensión de 1.306 metros, que tardaron más de 21 años en finalizar su trazado, puso fin al ambiente sórdido, miserable e insalubre que formaba la telaraña de callejuelas que dieron paso a la gran avenida en su trazado.
No sólo representó un nuevo concepto de avenida principal, sino que la Gran Vía supuso el renacimiento económico y la llegada de la modernidad a la capital española, ya que, desde el principio se convirtió en una calle en la que se mostraban las mejores mercancías en las numerosas y caras tiendas que se abrieron en ella, además de los hoteles, cines, teatros, restaurantes y bares que le dieron un impulso comercial y social perdurable hasta el presente.
Es curioso que esta Gran Vía tomara ese nombre de la zarzuela de Federico de Chueca, que llamó así a su obra con cierta sorna. Pero este primer nombre tuvo otros sucesivos. Se llamó también Avenida de Pi i Margall, Avenida de la CNT, Avenida de Rusia y Avenida de José Antonio, hasta que en 1981 volvió a recuperar su nombre primero en el mandato del alcalde socialista, Enrique Tierno Galván.
La década de los cincuenta y sesenta supuso su mayor esplendor, ya que por ella desfilaron las grandes figuras del cine como Ava Gardner, Sofía Loren y otros nombres famosos del arte y la cultura. También, fue escenario de la Guerra Civil y desde ella enviaron sus crónicas los corresponsales ilustres como fueron Ernest Hemingway, Saint-Exupery o Dos Passos.
Otro momento de esplendor, fue la llegada de la llamada “movida” madrileña que la convirtió en su base de operaciones. En ella estaban los garitos de moda, y era la pasarela por la que desfilaban los músicos, actores, fotógrafos y “gente de la farándula”. El famoso bar “Chicote” volvió a estar de moda con este motivo.
A finales de los ochenta, la Gran Vía volvió a tener unos de sus bajones de popularidad, ya que llegaron a ella los traficantes de droga, la prostitución y la delincuencia que hizo abandonar a sus habituales por la inseguridad que representaba. Por ello, la policía montada frecuentaba la zona de la red de San Luís por las noches, en un intento de controlar a los habituales profesionales de la delincuencia.
Pero como arteria principal que es, no se deja amilanar por esas nuevas y malas corrientes y empiezan a abrirse restaurantes de comida rápida, se abren tiendas de moda en lo que eran cines que cierran por la crisis del sector, y la música se apodera del bastión que se conoce como El Brodway madrileño.
Además, la Gran Vía inspira a directores de cine famosos y la eligen como escenario cinematográfico para sus rodajes, como ejemplo Amenábar en “Abre los ojos”, Alex de la Iglesia en “El día de la Bestia”, Basilio Martin Patiño en “Madrid”, o Garci en “El crack”, lo que ha aumentado aún más la fama de la gran avenida y le ha vuelto a poner de moda entre un público fiel que se va a adaptando a las nuevas corrientes de la moda y el espectáculo.
Sin embargo, los que mejor conocen a la Gran Vía son sus vecinos, los que aún no se han marchado hartos de la delincuencia, el ruido y la continua jarana y siguen paseando por esta cale emblemática, llena de cines de estreno, y contemplando aún los muchos y bellos edificios históricos, algunos que son auténticas joyas arquitectónicas, llenas de historias por contar.
Por todo ello, la Gran Vía madrileña es no sólo el escaparate de la música, el cine y el espectáculo que se pueden ver en las innumerables salas de exposiciones, salas de fiesta, discotecas, restaurantes, espectáculos callejeros y un largo etcétera, que la convierten en un reclamo para madrileños y foráneos que quieren conocer esa parte de Madrid en la que se condensa toda la oferta de ver, oír y degustar, en su múltiples opciones, que le otorgan ese carácter indiscutible de un lugar variopinto, excitante, vivo y multicolor en el que siempre se encuentra aquello que se busca o la novedad inesperada que sorprende y que demuestra que Madrid es una ciudad en la que el arte y la cultura alcanza cotas de modernidad que inauguró la Gran Vía madrileña hace ahora cien años.