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31 julio 2018

El Dia internacional del Libro

Cartel del Dia Internacional del Libro



El pasado día 23 de abril se celebró en más de cien países El Día Internacional del Libro que intenta fomentar la lectura y también vela por los derechos de autor, tan necesitados de defensa, especialmente, en la era digital.

El Día Internacional del Libro es una celebración de ámbito mundial que tiene como finalidad la de fomentar la lectura, la industria editorial y la protección de la propiedad intelectual gracias a los derechos de autor. Se celebra desde 1995 y es de ámbito internacional y fue promovida por la UNESCO. El 23 de abril de 1996 se inició en varios países y pasados unos años, en 2008, se conmemoraba en más de 100 países.

La Conferencia General de la UNESCO, celebrada en París en 1995, tomó la decisión de rendir un homenaje universal a los libros y autores en dicha fecha, invitando a todos y, especialmente a los jóvenes, a conocer el placer de la lectura y a tomar en consideración las valiosas contribuciones de quienes han sido los impulsores del progreso social y cultural de la humanidad, es decir, los escritores y pensadores de todo el mundo. Para ello, la UNESCO creó el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor, así como el Premio UNESCO de Literatura Infantil y Juvenil Pro de la Tolerancia.

Fue la Unión Internacional de Editores la que propuso esta fecha a la UNESCO, con las finalidades antes descritas de fomento de la lectura y protección de los derechos de autor. La Conferencia General de la UNESCO la aprobó en París, el 15 de noviembre de 1995, y a partir de dicha fecha, cada 23 de abril, se celebra el «Día Internacional del Libro y del Derecho de Autor».

La elección del 23 de abril como fecha de la celebración se hizo por ser una fecha simbólica para la literatura mundial ya que en ese día de 1616 fallecieron, supuestamente, Cervantes -aunque, realmente, Cervantes falleció el 22 y fue enterrado el 23, fecha en la que se consignó la fecha de su muerte-, Shakespeare –aunque este falleció el 23 de abril del calendario juliano que corresponde al 3 de mayo del calendario gregoriano y fue en esta fecha cuando fallecieron, también, William Wordsworth (en 1850) y Josep Pla (en 1981)-.e Inca Garcilaso de la Vega. También coincide ese día con el nacimiento o muerte de otros importantes autores internacionales como so los nombres de Vladimir Nabokov, Maurice Druon, Haldor K. Laxness, y Manuel Mejía Vallejo.

Cada año la UNESCO y las tres organizaciones profesionales internacionales del mundo del libro (la Unión Internacional de Editores, la Federación Internacional de Libreros y la Federación Internacional de Asociaciones e Instituciones Bibliotecarias) escogen una capital mundial del libro, cuyo mandato empieza cada 23 de abril.

El comité de selección eligió Atenas, capital de Grecia, para ser la capital mundial del libro en 2018 por las muchas actividades que lleva a cabo con dicho motivo. Su finalidad es que los libros lleguen a toda la población, incluidos los inmigrantes y los refugiados.

Madrid fue la sede del Día Internacional del Libro en 2001, año en el que fue nombrada capital mundial del libro. La relación de otras ciudades que fueron también elegidas a tal fin es, según el año de su nombramiento: En 2002 ocupó el puesto Alejandría, Nueva Delhi en 2003, Amberes en 2004, Montreal en 2005, Turín en 2006, Bogotá en 2007, Ámsterdam en 2008, Beirut en 2009, Liubliana en 2010, Buenos Aires en 2011, Ereván en 2012, Bangkok en 2013, Port Harcourt en 2014, Incheon en 2015, Breslavia en 2016, Conakry en 2017, Atenas en 2018 y Sharjah en 2019.

En cuanto a nuestro país, los antecedentes de esta celebración se remontan al reinado de Alfonso XIII, monarca que firmó un Real Decreto el 6 de febrero de 1926 por el que se creaba la Fiesta del Libro Español que se celebraría el 7 de octubre, debido a que en esa fecha se creía que había nacido Miguel de Cervantes. Esto fue debido a la iniciativa del escritor valenciano Vicente Clavel Andrés, quien lo propuso a la Cámara Oficial del Libro de Barcelona, en cuyo organismo se aprobó en marzo de 1925 dicha proposición, y se señaló la citada fecha del supuesto nacimiento de Cervantes, coincidiendo el primer año con la Exposición del Libro Español en Buenos Aires. Más tarde, en 1930, se cambia dicha celebración a la fecha del 23 de abril como Dia del Libro

Dicha celebración tuvo un gran éxito en toda España, especialmente en aquellas ciudades que son sedes universitarias y, desde Barcelona, se extendió por toda Cataluña, aunque dicha denominación oficial fue cayendo en el olvido, por ser esa misma fecha con el día de San Jorge, santo Patrón.

En las ciudades en las que no existía vida universitaria la fiesta no tenía demasiada afluencia de público, incluso llegó a desaparecer en algunas de ellas, Sin embargo, fue a partir de la década de los 80 del pasado siglo, cuando retomó con fuerza dicha celebración, especialmente en Madrid. En Cataluña se fue creando la costumbre, ya convertida en tradición, de regalar rosas y libros entre las parejas y seres queridos en esa fecha, lo que fue una de las razones que llevó a la UNESCO para declarar el día 23 de abril Día Internacional del Libro. Esa fecha y su relación con Cervantes ha propiciado que en ese día se celebre cada año la entrega del Premio Cervantes, el mayor galardón que puede concederse a los escritores hispanos.

No en todos los países se celebra en la misma fecha el Día Internacional del Libro, pues en países como Reino Unido e Irlanda lo hacen el primer jueves de marzo en el que celebran el llamado World Book Day (Día Mundial del Libro). En Uruguay dicha celebración lleva el nombre de “Día Nacional del Libro” cada 26 de mayo, fecha en la que se conmemora que, en 1816, se creó la primera biblioteca pública nacional, a iniciativa de Dámaso Antonio Larrañaga. En Paraguay, se celebra el 25 de junio el Día del Libro Paraguayo, en memoria de que el, 25 de junio de 1612, Ruy Díaz de Guzmán, primer historiador paraguayo, terminó el manuscrito de su obra La Argentina, primer libro escrito en esas tierras americanas.

Todas estas celebraciones son necesarias y oportunas para un sector como es el del libro que se encuentra con muchas dificultades en un mundo tan tecnificado donde internet, videojuegos, tablets, móviles y demás ofertas digitales hacen que una gran mayoría de jóvenes se decanten por estas ofertas tecnológicas, dejando al libro en último lugar de sus predilecciones, aunque es el mejor y más genuino transmisor de la cultura.

La política de educación con el fomento continuado de la lectura a los estudiantes en los diversos niveles educativos es necesaria, así como facilitar aún más el acceso a las bibliotecas, a los contenidos digitalizados en la red de redes como es internet, en restaurar las asignaturas de humanidades: literatura, filosofía, historia del arte, etc., en los diversos planes de estudios que están copados por los estudios científicos y técnicos que, aún siendo necesarios, no pueden ser excluyentes de las humanidades. Las familias también tienen que ser fomentadoras de la lectura, porque cuando los hijos ven a sus padres leer asiduamente, ellos también sienten curiosidad por hacerlo.

El libro como instrumento de conocimiento, formación y diversión es insustituible, ya sea en soporte papel o digital -el libro electrónico ha hecho leer a muchos jóvenes que rechazaban al libro en papel, por esa novedad de estar el texto contenido en un artefacto electrónico al que están tan habituados los jóvenes-, y para fomentar la lectura se necesita del esfuerzo de todas las instituciones públicas y privadas, además de los necesarios fondos para que las políticas de fomento de la lectura, de apoyo a los diversos agentes literarios que hacen posible la creación, publicación y difusión de los libros: escritores, editores, distribuidores y líberos, puedan seguir con su valiosa e imprescindible labor cultural y que los lectores puedan elegir en libertad entre la amplia oferta literaria que será más rica y provechosa cuanto más variada y plural sea.

No solo es suficiente celebrar el Día internacional del Libro, sino que los lectores asiduos sigamos -y los potenciales lectores comiencen a hacerlo- visitando las librerías, las bibliotecas, los clubs de lectura, con la asiduidad necesaria para que la lectura se convierta en una costumbre cotidiana en la que el libro sea el compañero habitual de cada día, en la mochila del estudiante, el bolso femenino o en la cartera de todo ejecutivo, y en día a día de todos los ciudadanos con un mínimo de nivel cultural y de inquietud por entender el mundo en el que vive. Eso sólo podrá hacerlo a través de la lectura de libros en los que podrá buscar y hallar las respuestas a tantas preguntas que sugiere el mundo complejo y, muchas veces inescrutable, en el que vivimos.