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Booktraier de Cartas cruzadas

30 marzo 2018

LA JUBILACIÓN DE LOS ESCRITORES





La jubilación de los escritores y su necesaria y urgente regulación 


Hace más de dos años surgió el movimiento reivindicativo “Seguir creando”, que fue impulsado por escritores como Javier Reverte y creadores como Forges -ambos hacían frente a una deuda que les reclamaba la Seguridad Social por el cobro de sus respectivas pensiones unidas al montante recibido por derechos de autor que ascendían a una cantidad superior al sueldo mínimo interprofesional (10.302,60€ para 2018), cantidad esta última que es límite para poder cobrar la pensión de jubilación. En esta triste y vergonzosa situación -vergonzosa para la Administración-, están implicados muchos autores famosos que no quieren identificarse públicamente. Todos ellos solicitan la reforma urgente del Art. 165 de la Ley de Régimen de la Seguridad Social. Artículo que trata específicamente de las condiciones del derecho a las prestaciones.

Esta situación comenzó se inició a raíz de la aprobación en 2012 de un Real Decreto y su consiguiente reinterpretación posterior de la ley, en esos momentos en los que el Gobierno tenía como necesidad prioritaria recaudar por la feroz crisis económica en la que estaba sumida España.

La acción colectiva de este movimiento “Seguir creando” está coordinada por la Asociación Colegial de Escritores de España (ACE) y su presidente, Manuel Rico, quien confirma que, a primeros de 2015, comenzaron a recibir, en el gabinete jurídico de dicha Asociación, múltiples visitas de escritores jubilados que se encontraban privados de su pensión por el motivo ya mencionado. Además, de recibir por parte de la Administración la exigencia de devolver cantidades altísimas por haber cobrado “indebidamente”, según lo antes ya dicho, por su pensión y estar cobrando simultáneamente derechos de autor que sobrepasaban el límite fijado. Además, también le exigían que se dieran de alta en RETA, (Régimen de Trabajadores Autónomos).

Esta situación ha causado casos verdaderamente dramáticos y multas correspondientes que son del todo inaceptable no sólo para los interesados que deben pagarlas, sino para toda la sociedad en su conjunto ante tal dislate que se perpetra contra los creadores que no han hecho nada más que eso; escribir y crear literatura, arte y cultura, en general, de los que la sociedad está tan necesitada y es deudora.

Sn embargo, un escritor o creador de éxito si está jubilado, esta condición lo convierte en un posible defraudador cuando sus ingresos por su actividad literaria y/o artística sobrepasa el límite de los nueve mil y pico de euros que supone el limite permitido de ingresos por dicho motivo.

Por ese motivo, tiene que elegir entre sus derechos de autor o su jubilación, en una flagrante injusticia que se opone a lo que sucede con los ingresos por capital (ingresos por bienes muebles e inmuebles) que pueden ascender, en muchos casos, a una cifra astronómica cobrada por su propietario y perceptor, sin que esas rentas le supongan oposición frontal al cobro de su pensión para la que ha estado cotizando toda su vida profesional, como es el caso de los escritores y creadores. Es decir, se respeta más a la propiedad (y sus posibles cuantiosas e ilimitadas rentas) que a la cultura y los paupérrimos derechos de autor. Como diría el recientemente fallecido e inolvidable creador gráfico, Forges -quien llevaba dos años sin cobrar su pensión cuando falleció- a través de sus inefables personajes:”excelso panorama”, aludiendo a esta grotesca situación inaceptable, injusta y que requiere urgente y justa reforma. Así se lo reprochó la viuda de Forges, Marta Rivera de la Cruz a la Ministra de Empleo y Seguridad social, Fátima Bañez, cuando le dijo: «Se nos ha muerto Forges y no hemos podido arreglar aún la situación de los creadores jubilados» (hace tres años que comenzaron a recibir las multas y reclamaciones). «Razón de más para seguir peleándolo», respondió la ministra”, según publicó ABC el pasado 4 de marzo.

El escritor ya mencionado Javier Reverte, que fue uno de los impulsores del movimiento “Seguir creando”, empeñado en esta justa lucha para defender los derechos de los escritores jubilados, también tuvo la penosa experiencia de recibir una carta hace dos años y medio, en la que le pedían que se personara en las oficinas de la Seguridad Social y que llevara los contratos de sus libros. Le hicieron una inspección y, a continuación, le dijeron que le quitaban la pensión, además de comunicarle que debía devolver más de 120.000 euros por haber cobrado la pensión al mismo tiempo que sus derechos de autor superiores al ya mencionado salario mínimo interprofesional.

Según comentó el Presidente de ACE, Manuel Rico a ABC, sobre las tragedias que devienen de esos actos administrativos, cuenta el caso de un escritor asturiano que ha vivido una dramática situación relacionada con este penoso asunto, e irreversible en sus consecuencias trágicas: Dicho autor debía devolver unos setenta mil euros a la Seguridad Social por este motivo. Le escribió indignado a la ministra, y tuvo que poner su casa en venta. Además, su esposa se suicidó arrojándose al mar por la dramática situación económica que atravesaban por este motivo. Lo peor y más sarcástico de esta terrible historia real es que, unos días después de la muerte de su esposa, recibió una carta del organismo correspondiente en la que le decían que le devolvían el dinero porque habían cometido un error. Nadie le pudo devolver a su esposa, víctima mortal de ese error, ni existe compensación posible.

Ante estas tragedias, no se puede permanecer indiferente, aunque hay otras historias que rozan más lo tragicómico, como es el caso de cierto escritor que se jubiló como autónomo con una pensión mínima, y solicita, cuando va a dar una conferencia, que le paguen con un regalo de El Corte Inglés, que él después descambia por ropa o alimentos, según le sea más conveniente. Todo antes que dar “motivos” a la Seguridad Social, maquinaria implacable, a que le quiten la “cuantiosa” pensión que tantos años le ha costado cobrar, gracias a lo que ha ido pagando religiosamente a dicha entidad durante toda su vida laboral.

En estos momentos en que todos los pensionistas se están manifestando para exigir la revalorización y subida de las pensiones, es necesario unirse a dicha reclamación en general, y en particular la de los creadores, que atañe a todo escritor, para solicitar la reforma de la actual Ley de Régimen de la Seguridad Social y la normativa fiscal para que los “derechos de autor” sean considerados independientes en su declaración de los “derechos del trabajo” y de los “derechos del capital”, pues no son ni unos ni otros, sino diferentes en su naturaleza, en su correspondiente y necesario tratamiento legal y fiscal, y un derecho inalienable de todo creador.

Por todo ello, los derechos de autor tienen que recibir el tratamiento adecuado en los ámbitos legal y fiscal, para no incurrir en la injusticia flagrante que se está cometiendo contra los escritores y creadores con los que sociedad tiene una deuda siempre renovada por su continua colaboración con la cultura, que no puede ser aumentada por la legislación terriblemente injusta que actualmente rige al respecto y que daña gravemente los legítimos derechos e intereses de los creadores en su conjunto.

Reforma necesaria, justa y urgente que debe ser tomada por el Gobierno sin más dilaciones. Los creadores, la cultura y la propia sociedad así lo demandan y serán sus legítimos beneficiarios.




30 enero 2018

CARTAS CRUZADAS, DE ANA ALEJANDRE



Doctora en Filología Latina
Profesora de Filología, en la Universidad Complutense.
(de la Asociación de Críticos de Arte de Madrid)

El pasado día 5 de este mes de diciembre tuvo lugar en el Centro Riojano de Madrid la presentación de Cartas Cruzadas, excelente novela de Ana Alejandre.

En la actual narrativa literaria esta novela presenta un formato novedoso puesto que, como el título indica, la trama principal de Cartas cruzadas la constituyen los hechos relatados en unas cartas escritas por diferentes miembros de una misma familia desde febrero de 1925, hasta la actualidad. No hay, por tanto, diálogo.

La narración transcurre en el verano de 2013, y el tiempo narrativa va retrocediendo a diversas décadas del pasado siglo XX, desde 1925, 1939, 1945, 1998, hasta 1999., según la carta que sea leída en cada momento narrativo.

Este método de narrar una trama exclusivamente por medio de cartas escritas por diferentes personajes, tuvo un ilustre precedente en la literatura del pasado siglo XX: Thornton Wilder, escritor norteamericano que ganó nada menos que tres premios Pullitzer, publicó en 1948 una novela histórica titulada Los Idus de Marzo.

La particularidad de esta novela histórica, Los Idus de Marzo reside es que la reconstrucción de la vida de César se hace a través de documentos y cartas ficticias, supuestamente escritas por personajes que, sabemos, que realmente vivieron.

Ese formato de cartas entrecruzadas entre distintos personajes es el que vemos en esta última novela de Ana Alejandre.

Cartas cruzadas es una excelente novela de intrigas varias, de suspense y misterio. También, de la búsqueda de la identidad personal, de saber quién somos, de dónde venimos.

Las intrigas se desarrollan y resuelven a través de hermosas cartas escritas hacía tiempo, llenas de amor, de desesperación, de dolor. También de horror. 

Marina Alcántara, la protagonista, es una mujer divorciada y con dos hijas ya independizadas. A comienzos del mes de agosto de 2013, Marina, que personalmente atraviesa un delicado momento emocional, se encuentra sola en el piso de su difunta madre, en una aislada urbanización en las afueras de Madrid. Sólo su fiel perro la acompaña.

En esa soledad interior y exterior -el caluroso agosto madrileño ha vaciado la urbanización de sus habituales ocupantes-, comienza a revisar antiguas fotografías familiares y a leer una serie de cartas ocultadas celosamente durante largos años por su madre. 

Sin embargo, ésta, antes de morir, la había incitado a que, tras su muerte, las leyera. Las cartas están escritas por diferentes miembros de la misma familia desde el año 1925 y se extiende a otras décadas ya citadas anteriormente según el personaje que las escribe y el momento histórico en el que se sitúa.

En esas cartas se plantea una intriga familiar surgida en 1925 que, a lo largo de los años, va desdoblándose en varias ramificaciones misteriosas que atrapan en su suspense a la propia Marina.

Con los personajes que aparecen en las cartas recorremos el siglo xx y llegamos a nuestros días: Así, a hermosa Olga Petrovna, una de las protagonistas, nace en una familia aristocrática justamente en los inicios del pasado siglo. Emigrada de Rusia, tras la caída del Zar y la llegada de los soviéticos al poder, vive en el fascinante Paris de 1925, año de la Exposición Internacional de Artes Decorativas e Industriales Modernas. 

Los años 20 son el momento en el que el Paris de entreguerras alcanzó su máximo brillo y esplendor. En él, en 1925, arranca la intriga de la novela.

Posteriormente asistimos a otros terribles acontecimientos del siglo XX: La LLEGADA AL PODER DEL NAZISMO

La INVASION DE POLONIA en 1939 por los alemanes, que fue el inicio de la 2ª guerra mundial. CAMPOS DE CONCENTRACIÓN NAZIS, donde millones de personas, sobre todo judíos, fueron masacradas. 

Todos estos sucesos sirven de telón de fondo y son fundamentales en los que se desarrolla el dramático destino de algunos personajes.

De hecho, en la portada de la novela se ve sucesivamente tres fotografías: una de París, otra muestra fotos antiguas y viejas cartas, y una tercera contiene un grupo de militares en la que destaca en primer término Adolfo Hitler. 

Esta selección de imágenes es, evidentemente, una declaración de intenciones de la autora.

A lo largo de una semana Marina Alcántara va revisando viejas fotografías familiares y leyendo cartas escritas por diferentes personas de la familia a lo largo de los años. Su madre en sus últimos días la había incitado a leer las cartas, tras tenerlas largos años cuidadosamente guardadas, sin explicarle el porqué. 

Sin entender la causa por la que ella debía hacerlo ni por qué debía desempolvar viejas historias, como la ya archiconocida desaparición de la mujer de su tío abuelo Gabriel, la hermosa Olga Petrovna, en París en 1925, comienza la lectura de las cartas y viejos documentos que le van adentrando en una historia fascinante y enigmática que la embarga de emoción, temor, sorpresa y dolor. Siempre sumergida en la atmósfera asfixiante y solitaria de la urbanización de las afueras de Madrid, en la que se siente única habitante de un mundo desolado.

Efectivamente, la madre de Marina ha ocultado cuidadosamente las cartas familiares hasta el fin de sus días. Asimismo, las había distribuido cuidadosamente en varios paquetes. Marina las lee con interés creciente por el suspense que se inicia con su lectura y avanza y crece a medida que transcurre la narración y va conociendo nuevos datos y circunstancias que ignoraba del apasionante enigma familiar que se inicia con la desaparición de Olga en ese París bullicioso de 1925.

Posteriormente, esa intriga inicial, con los años, se ha ido desdoblando, ampliando en nuevos enigmas a resolver por la protagonista que van surgiendo en algunas otras cartas escritas por personas ajenas a la familia y en varios importantes documentos de épocas pasadas. Esas cartas escritas por personas ajenas a la familia resultarán fundamentales para esclarecer la trama y solucionar las diferentes intrigas planteadas a lo largo de la novela.

Durante todo el tiempo Marina acompaña la lectura escuchando los acordes de la Misa de Réquiem de Mozart, y escucha en las voces de los cantantes la letra de los versículos del Rito Romano de la Misa de Difuntos que se utilizó al componer la magna obra.

A veces, el texto cantado de esa Misa de funeral se adecúa a los tristes sentimientos que expresa alguna de las cartas que va leyendo.

En resumen: La soledad del piso vacío en el que Marina se encuentra, su triste situación emocional, el asfixiante calor de un agosto preñado de tormentas, los versículos del texto de la misa de Difuntos -que hacen hincapié en la insignificancia del ser humano, abocado a las desdichas y la muerte, y en la súplica que eleva a la misericordia divina-, todo el entorno en definitiva contribuye a crear una atmósfera cada vez más opresiva, que, inevitablemente, se va cerniendo sobre el lector y le va transmitiendo la emoción, el suspense y la sensación de tristeza casi tanto como a la propia Marina por la atmósfera creada por la autora.

En tanto que Marina va acabando la lectura y conoce la terrible realidad de su familia y la suya propia, la identidad verdadera, que tanto tiempo llevaba anhelando saber, estalla en el exterior una gran tormenta que es el fiel reflejo de la que estalla en el alma profundamente desgarrada de Marina al conocer una verdad que tanto ansiaba desvelar a medida que iba leyendo todas las cartas y documentos y que al conocer la desestabiliza anímica y psicológicamente, en una explosión de emociones incontrolables

La narración pone de manifiesto el mal que ofrece diferentes caras siendo el mismo. La frase de Goethe que aparece al inicio de la novela lo expresa de forma contundente: “Al mal no le hacen falta razones. Le bastan con excusas”. Los diferentes totalitarismos políticos desde el comunismo al nazismo, como ideologías que esclaviza a las personas y las convierten en seres desprovistos de derechos, valor y dignidad, aparece reflejada en esta novela como telón de fondo de muchos de sus momentos narrativos. El sufrimiento terrible, el dolor y la humillación de unos seres humanos que tuvieron la desgracia de vivir en tiempos feroces son otros elementos esenciales de esta obra. También el amor, la generosidad, el altruismo y la fraternidad de quienes exponen su propia seguridad para acoger y proteger a seres indefensos, como contrapunto ético que son los únicos pilares que el ser humano tiene para poder sobrevivir al horror, la barbarie y la muerte.

El contrapunto de belleza, entre tanta intriga, soledad, miedo y suspense, lo ofrece la prodigiosa música del Réquiem y las voces de los cantantes que interpretan los versículos de la última parte y final del Réquiem, que sirve como plegaria para todos sus familiares, ya fallecidos, y como mensaje de esperanza entre tanta desolación:

“Lux aeterna luceat eis, Domine, cum sanctis tuis in aeternum, quia pius es”

“Que la luz eterna brille por siempre para ellos, en compañía de tus santos, porque Tú, Señor, Tú eres misericordioso”.

El lector termina la novela sintiendo que a su lado parecen estar los distintos personajes que tomaron vida a través de sus cartas doloridas, emocionadas, tristes o felices, acompañándole mientras lee el sorprendente final, al que ha llegado después de la intensa lectura de una narración plena de suspense, intriga, emoción y hallazgos de una historia familiar en la que se resume la vida de varias generaciones que vivieron y murieron buscando conocer la verdad y la razón de su desdicha.

Excelente novela de esta autora que nos ofrece en estas Cartas cruzadas, la muestra de su dominio del lenguaje, de la novedosa técnica narrativa y la descripción de los personajes que toman vida y los acerca al lector, en una lectura en la que sólo podrá encontrar un ejemplo más, en esta nueva y quinta novela, plena de suspense, intriga y emoción, de su talento narrativo.