William Chakespeare

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15 diciembre 2011

La Navidad y sus servidumbres

Natividad, por Beato angelico, 1441.
por Ana Alejandre
Todos los años por estas fechas y desde primeros de diciembre se ven largas colas ante las administraciones de lotería más afamadas de ciudadanos deseosos de comprar los décimos correspondientes al sorteo de Navidad y al del Niño, con premios éste último más suculentos e importantes crematísticamente, pero no tan arraigado en la predilección de los españoles que siguen teniendo al sorteo de Navidad como un referente obligado, cargado de ilusiones que en forma de millones configuran el mapa mental del español medio y del gran número de inmigrantes que van adoptando las costumbres españolas entre las que se encuentra la lotería de Navidad.
Este sorteo especial es como símbolo del ambiente de supuesta general alegría en una sociedad desalentada por la crisis, aunque sólo  se vislumbre aquella en la apariencia que dan las luces que adornan las calles y árboles de Navidad que se ven por doquier, ganándole terreno cada año más al belén que está quedando relegado al triste papel de recuerdo de una época en la que se celebraba la Navidad, fiesta religiosa que conmemora el nacimiento de Jesucristo y que ahora, con las costumbres venidas de allende las fronteras, se está convirtiendo en una fiesta laica en la que la celebración religiosa se paganiza y se disuelve entre los simpáticos pero irrelevantes Papás Noel y demás iconos modernos que tratan de ocultar los verdaderos símbolos de una fiesta religiosa que agoniza en su verdadero significado.
Esta pérdida del auténtico sentido religioso de la Navidad se advierte en la ausencia cada vez más generalizada en los letreros luminosos que adornan en estas fiestas calles, fachadas y escaparates en los que la palabra Navidad se ve sustituida por la de “paz”, “alegría”, “felicidad”, “prosperidad” y un largo etcétera que pueden ser alicadas a todo y que nada dicen en concreto, evitando así cualquier alusión a la Navidad como celebración religiosa y no como una simple etapa de transición de un año a otro que es a lo que queda reducida cada vez más, como si lo que verdaderamente significa dejara de ser lo importante y se convirtiera en un mero pretexto sin importancia alguna para dar rienda suelta a la desenfrenada etapa consumista que se abre cada año en estas fiestas y a la que sólo ha frenado en su escalada la grave crisis económica que ha desbaratado muchos hogares y proyectos de vida.
Las celebraciones familiares, disculpa para reunirse quienes están alejados durante todo el año, son otra servidumbre navideña que trae consigo una gran cantidad de discusiones familiares, de enconos irreductibles, de rencores y agravios que se van digiriendo a lo largo del año siguiente como una indigesta comida que deja mal sabor de boca y ningún deseo de volver a probar. A eso se une los atracones, indigestiones o intoxicaciones que provocan las copiosas comidas y abundante bebida que llenan los servicios de urgencias y dejan el cuerpo maltrecho a más de un ciudadano que se ha entregado a los excesos en el comer y beber, lo que le obliga a estar a dieta pasadas las fiestas y a realizar algún tipo de ejercicio, por moderado que sea, para intentar quitar esos kilos de más, bajar la presión sanguínea, el colesterol y demás secuelas de los excesos que quedan permanentemente en el organismo, aunque el placer que han provocado al ingerirlos sea fugaz y transitorio e inversamente proporcional al daño que han causado.
Los Reyes Magos y sus regalos son otra carga o servidumbre más de estas fiestas en la que las familias tienen que echar la casa por la ventana para atender a los regalos de pequeños y mayores, sobre todo de los primeros, dándose la paradójica situación de que las familias con menos recursos son aquellas que gastan más en juguetes, quizás para compensar sus carencias de cuando eran niños, proporcionándoles a sus hijos lo que ellos no tuvieron. En este apartado, Papá Noel (San Nicolás también conocido por Santa Claus, dependiendo de la zona geográfica), y su llegada en Nochebuena o víspera de la Navidad, divide los regalos en lotes que se reparten así para que los niños puedan jugar antes de incorporarse al colegio, costumbre que también se ha adoptado por los mayores que reciben mayoritariamente los regalos en los días navideños, dejando la celebración de los Reyes Magos para los más pequeños de la familia.  La festividad de la llegada de SS.MM. pone el alegre colofón de las fiestas navideñas con la carga de regalos que traen y que dejan a los pequeños con la sensación de que les ha sabido a poco las vacaciones y tienen que volver al colegio con el sabor dulce de los turrones y la nostalgia de los juguetes que dejan en casa esperándoles y preguntándose por qué los Reyes Magos no adelantan su venida, o el colegio retrasa su apertura un poco más para dejarles disfrutar de los juguetes que han recibido tan tarde.
La Navidad, por ser una fiesta religiosa, una vez que está perdiendo su auténtico significado para convertirse en lo que ahora es: una fiesta descaradamente mercantil, ausente de toda religiosidad y significado, que pone de relieve el afán consumista de cada ciudadano, para alegría de comerciantes e industriales que venden sus productos y servicios, es cada vez más la caricatura de lo que en realidad es, por eso los elementos religiosos se están diluyendo, desapareciendo entre el marasmo de adornos navideños en los que brilla por su ausencia cualquier insinuación al acontecimiento que se celebra, dejando paso a los adornos brillantes de purpurina, los lazos, espumillones varios de plástico y cartón,  relegando al belén, auténtico símbolo de esta celebración, como mero ornamento más, en el que el Niño Jesús, la Virgen María y San José, se encuentra perdidos, olvidados, cuando no ausentes, tapados entre bolas del árbol, guirnaldas de colores, Papas Noeles varios de todos los tamaños que se convierten así en los auténticos protagonistas de estas fiestas y que parecen mirar extrañados a sus compañeros en la decoración de hogares y sitios públicos, si es que coinciden lo que cada vez sucede menos, como preguntándose: “¿Qué demonios hacen esta pareja y el niño recién nacido en todo este jolgorio? ¿Pará qué habrán venido si desentonan con el resto con el aspecto de antiguallas que tienen?”.
La Navidad tiene sus servidumbres y a ellas nos entregamos todos sumisos, alegres e ilusionados con loterías, regalos y festines,  sin darnos cuenta de que, a fuerza de olvidar lo que cada cosa es, empezando por la Navidad y su significado, estamos empezando a olvidarnos de quiénes somos, de dónde venimos y adónde vamos.
La sociedad que olvida sus propias raíces, su cultura, su religión y su historia, terminará por desaparecer sin dejar rastro como esas civilizaciones que  se extinguieron por su propia atonía moral, su corrupción y su falta de valores. Los símbolos religiosos que ahora han caído en el desprestigio y el olvido, como todo aquello que es inservible o está fuera de lugar, nos hablan en su constante rechazo por un mundo en el que el mensaje de amor al prójimo, de generosidad y de compasión que representan está pasado de moda, porque existen otros dioses a los que adorar: la competitividad, el dinero, la ambición y la corrupción moral. No es extraño que, con estas peligrosas compañías, los símbolos religiosos no casen, no sean bien recibidos, porque su presencia pondría de manifiesto la disonancia entre el mensaje que representan y la realidad de una sociedad que ha perdido el rumbo, la luz que la guiaba y ahora camina en la obscuridad más absoluta.

04 junio 2011

La “Movilización inmóvil”




En la Puerta del Sol, el Movimiento 15-M, o “movimiento cívico” como se le ha venido a llamar, y que después de los primeros días en los que era la mera expresión de la indignación ciudadana ante la situación que atraviesa España,  empieza a dar síntomas de marasmo y caos, cuando no de haberse convertido en algo completamente distinto a la presunta reivindicación silenciosa del pueblo, porque está tomando un cariz completamente diferente y preocupante. 
Ha pasado de ser una movilización pacífica de ciudadanos, a ser la “movilización inmóvil” que ha tomado la Puerta del Sol como centro de una acampada ya sin sentido alguno, porque su permanencia en dicho lugar está creando problemas económicos, de inseguridad en la zona y problemas de salubridad, lo que ha motivado las protestas de los comerciantes y hoteleros de la zona que se quejan de haber perdido entre un 30% a un 80% por el asentamiento de los “ciudadanos indignados” que han convertido a la Puerta del Sol en un asentamiento ilegal de okupas ociosos, entre los que empieza a haber multitud de agresiones de todo tipo, entre  ellos los sexuales, y actitudes xenófobas y racistas, denunciadas por algunos grupos de participantes, lo que están poniendo en peligro la seguridad de todos y hace crecer la indignación legítima del resto de los ciudadanos que no participan en dicha protesta -tal como la están desarrollando los actuales ocupantes del espacio público- y viven o transitan por dicha plaza emblemática de Madrid que se ha convertido en una acampada donde se ve de todo menos la preocupación supuesta que sirve de disculpa para dicho movimiento: gente jugando al ajedrez o a las cartas, durmiendo la siesta, bebiendo litronas, fumando porros, sin olvidar la actividad sexual a plena luz del día y delante de todos que convierte a este movimiento -secundado en otras ciudades españolas y europeas al principio cuando tenía razón de ser y era respetuoso con el resto de los ciudadanos-, en todo menos en una manifestación  ciudadana que muestra su indignación, para pasar a ser el espectáculo bochornoso de una situación ilegal, irregular e insostenible, en la que salen perdiendo los comerciantes y trabajadores de la zona que pagan sus impuestos y cumplen la Ley, y se ven obligados a tener que soportar pérdidas económicas importantes, empezando por sus puestos de trabajo como así lo han anunciado los empresarios de esa céntrica zona madrileña si no se le da solución al problema planteado por los que quieren arreglar los problemas del país..
Esta última cuestión de los problemas económicos generados por los supuestos “ciudadanos indignados”,  no parece importar demasiado a los  miembros del “movimiento cívico” que ha pasado a ser “ocupación incívica” y que tienen una curiosa fórmula para resolver los problemas generales: no hacer nada más que estorbar en su desocupada  e ilegal indignación, pero creando problemas reales a los ciudadanos trabajadores y empresarios que tienen que soportar  que los ociosos que ocupan la plaza se lo pasen en grande viviendo a la bartola y haciéndole un corte de manga a la autoridad, empezando por el Delegado de Gobierno, que parecen mirar para otra parte, mientras espera que le den la orden desde el Gobierno sus superiores que esperan tranquilos en sus despachos oficiales a que se disuelva dicha acampada de la Puerta del Sol por la propia inercia, o bien que sean los ciudadanos verdaderamente indignados: vecinos de la zona, comerciantes y trabajadores los que empiecen a enfrentarse con los mismos de siempre que son los que parasitan este tipo de movimientos colectivos: los caraduras, vagos y okupas que son los que han quedado rezagados como únicos dueños de la Puerta del Sol, cuando se han ido los que querían manifestar algo y con razón, y han dejado a esta ristra de jugadores de carta, bailarines, tocadores de flauta, gente sin oficio ni beneficio que han plantado su “jaima”, como dicen algunos, en mitad de la céntrica plaza, y se burlan, molestan, perjudican y se ciscan –y no sólo figuradamente- en el resto de los ciudadanos, en la autoridad inoperante y “políticamente correcta” que mira para otro lado y encima le envía mensajes de comprensión ante su actitud, como hace Rubalcaba, en un acto de cinismo y calculado interés electoral, a pesar de la derrota sufrida el 22 de mayo en las elecciones autonómicas y municipales. 
Las autoridades parecen esperar a que los ciudadanos de Madrid resuelvan el problema, hartos de aguantar a tanto vago, caradura y contracultural que se toma la cerveza o el tinto sentado a la puerta de su “jaima”, mientras ve a los demás ciudadanos que van y vienen a sus trabajos, pensando aquellos con sorna que, además de ser pacientes y comprensivos, son una manada de gilipollas por permitirles hacer lo que les da la gana en un sitio público, en contra de todas las leyes y ordenanzas que los demás ciudadanos “no indignados” tienen que cumplir, sin liarse a tortas y sacarlos de las “jaimas” a gorrazo limpio, no sin antes exigirles que limpien de inmundicia la Puerta del Sol y sus aledaños y, además, paguen las costas.

Claro, todo eso sucedería en un país civilizado donde las leyes están para cumplirse y no en una sociedad como la española que, a fuerza de ser tan “políticamente correcta”, está cayendo en la más pura abyección, ridículo y miseria moral y, si esto no fuera poco, además pide disculpas, alienta y le da palmaditas en el hombro al sinvergüenza disfrazado de “ ciudadano indignado” que se pasa las normas de convivencia por el arco del triunfo y encima “exige” su permanencia en dicha situación de okupas de espacios públicos como derecho inalienable, a pesar de que una buena parte de los que aún permanecen asentados en la Puerta del Sol estiman que deberían marcharse, en contra de la opinión de la otra mitad que declaran que deben quedarse hasta que las cosas no cambien, es decir que les den piso, comida y una suculenta paga a cada uno de ellos, aunque el trabajo no importa que se lo den a otros, porque los que están "protestando" cómodamente en la Puerta del Sol, bastante tienen ya con su protesta, sus cafés y litronas, para perder el tiempo trabajando por el bienestar y regeneración social que proclaman de palabras aunque no con obras.

El filósofo Agustín García Calvo,  impartió o una charla el jueves. y manifestó:: "No debatáis sobre el futuro, lo que habéis hecho ya es mucho. Dentro de vosotros hay rebeldía, pero también obediencia". Afirmó para concluir que los problemas del hombre no están en la sociedad, ente abstracto, to, sino dentro del propio hombre.

Igualmente afirmó que en el seno de dicho movimiento cívico se encuentran los errores, corruptelas y vicios de la propia sociedad y de la clase política contra la que se manifiestan. Entre ellas figuran:

Burocracia, ya que existen 42 "comisiones" dentro del propio movimiento desde su aparición en la Puerta del Sol.
Bipartidismo: entre las dos facciones que discuten sobre si se deben marchar o quedarse.
Corrupción: La comisión Legal ha pedido una auditoría a la de  Comunicaciones.
Jerarquías: La comisión del Cono Sur, que defiende que deben quedarse en Sol, afirma que los que montaron este movimiento quieren mangonear a los demás y se resisten a ello.
Clasismo: Hay "inidgnados·" de primera y de segunda. Entre estos se encuentran los inmigrantes y personas de otras razas.
Manipulación de los medios: El propio campamento es un hervidero de rumores y nadie sabe a ciencia cierta qué es verdad y qué es mentira.
Explotación: Se usa a los demás con fines interesados por parte de unos grupos a otros.
Disputas: Entre los que se quieren ir y los que no desean hacerlo.
Enfrentamientos: Si en la vida política, mercantil y social hay zancadillas, entre los miembros del campamento empieza a notarse una sensación de inseguridad total. y algunos se preguntan por la posibilidad de que haya navajazos.

Todo movimiento cívico en reivindicación de una mejora social y política, sin corruptelas, sin mentiras y en la que prime la regeneración social no se puede hacer desde la simple acampada en un espacio público, creando problemas añadidos a los que tienen los ciudadanos, sin más actividad que las charlas y arengas que va convirtiendo a todo agrupamiento humano fuera de la Ley, en un campo de cultivo de abusos, desmanes, violencia, peligros y delincuencia, al fin y al cabo.

El famoso eslogan turístico de “España es diferente” se está demostrando que es  una verdad absoluta, porque aquí no es que seamos quijotes y sanchopanzas, es que ni siquiera sabemos quiénes somos, adónde vamos, ni tampoco nos parece importar demasiado Los movimientos cívicos como estos sólo son la disculpa para ir de romería, no hacer nada más que vaguear y protestar, eso sí, protestar de todo y contra todos, pero sin que se traduzca el inconformismo y la rebeldía ante la situación contra la que se protesta con unas acciones eficaces, reales, efectivas y dignas que puedan ayudar a salir del marasmo político y social, cosa imposible de conseguir con espectáculos como el que se vive estos días en la Puerta del Sol, remedo de un campamento gitano, en el que puede pasar cualquier cosa, y no precisamente buena, en el momento más inesperado, y será sólo entonces cuando se tomen medidas para expulsarlos de la vía pública  de forma torpe, improvisada, violenta y siempre demasiado tarde.

Con movimientos cívicos como éstos que se degradan hasta convertirse en la propia caricatura grotesca de una sociedad que siempre busca las soluciones no en el cambio de la propia conducta personal, el esfuerzo colectivo y la exigencia de responsabilidades a los poderes públicos, sino acompañada de música, jolgorio, espectáculo y holgazanería, putiferio y mangancia, la sociedad no gana nada, sino que pierde su propias razones al expresar su supuesta indignación de forma tan esperpéntica, cayendo en el ridículo y en la repetición grotesca, aunque en menor escala, de los vicios, las corrupciones, los abusos y las injusticias que dice querer combatir de forma tan absurda, inoperante, contradictoria y peligrosa para todos, en la que gana siempre los que tienen menos escrúpulos y más ambición, desvergüenza y ausencia total de dignidad.