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04 abril 2010

La Gran Vía de Madrid cumple cien años




por Ana Alejandre







Esta arteria principal madrileña, cumple sus primeros cien años de vida, ya que el 4 de abril de 1910, el rey Alfonso XIII, dio con la piqueta el primer golpe para demoler “la casa del cura”, edificio anexo a la actual iglesia de San José, que dio comienzo a lo que sería el inicio de la modernidad para Madrid y que circularía a través de la que sería después la Gran Vía.
Con una extensión de 1.306 metros, que tardaron más de 21 años en finalizar su trazado, puso fin al ambiente sórdido, miserable e insalubre que formaba la telaraña de callejuelas que dieron paso a la gran avenida en su trazado.
No sólo representó un nuevo concepto de avenida principal, sino que la Gran Vía supuso el renacimiento económico y la llegada de la modernidad a la capital española, ya que, desde el principio se convirtió en una calle en la que se mostraban las mejores mercancías en las numerosas y caras tiendas que se abrieron en ella, además de los hoteles, cines, teatros, restaurantes y bares que le dieron un impulso comercial y social perdurable hasta el presente.
Es curioso que esta Gran Vía tomara ese nombre de la zarzuela de Federico de Chueca, que llamó así a su obra con cierta sorna. Pero este primer nombre tuvo otros sucesivos. Se llamó también Avenida de Pi i Margall, Avenida de la CNT, Avenida de Rusia y Avenida de José Antonio, hasta que en 1981 volvió a recuperar su nombre primero en el mandato del alcalde socialista, Enrique Tierno Galván.
La década de los cincuenta y sesenta supuso su mayor esplendor, ya que por ella desfilaron las grandes figuras del cine como Ava Gardner, Sofía Loren y otros nombres famosos del arte y la cultura. También, fue escenario de la Guerra Civil y desde ella enviaron sus crónicas los corresponsales ilustres como fueron Ernest Hemingway, Saint-Exupery o Dos Passos.
Otro momento de esplendor, fue la llegada de la llamada “movida” madrileña que la convirtió en su base de operaciones. En ella estaban los garitos de moda, y era la pasarela por la que desfilaban los músicos, actores, fotógrafos y “gente de la farándula”. El famoso bar “Chicote” volvió a estar de moda con este motivo.
A finales de los ochenta, la Gran Vía volvió a tener unos de sus bajones de popularidad, ya que llegaron a ella los traficantes de droga, la prostitución y la delincuencia que hizo abandonar a sus habituales por la inseguridad que representaba. Por ello, la policía montada frecuentaba la zona de la red de San Luís por las noches, en un intento de controlar a los habituales profesionales de la delincuencia.
Pero como arteria principal que es, no se deja amilanar por esas nuevas y malas corrientes y empiezan a abrirse restaurantes de comida rápida, se abren tiendas de moda en lo que eran cines que cierran por la crisis del sector, y la música se apodera del bastión que se conoce como El Brodway madrileño.
Además, la Gran Vía inspira a directores de cine famosos y la eligen como escenario cinematográfico para sus rodajes, como ejemplo Amenábar en “Abre los ojos”, Alex de la Iglesia en “El día de la Bestia”, Basilio Martin Patiño en “Madrid”, o Garci en “El crack”, lo que ha aumentado aún más la fama de la gran avenida y le ha vuelto a poner de moda entre un público fiel que se va a adaptando a las nuevas corrientes de la moda y el espectáculo.
Sin embargo, los que mejor conocen a la Gran Vía son sus vecinos, los que aún no se han marchado hartos de la delincuencia, el ruido y la continua jarana y siguen paseando por esta cale emblemática, llena de cines de estreno, y contemplando aún los muchos y bellos edificios históricos, algunos que son auténticas joyas arquitectónicas, llenas de historias por contar.
Por todo ello, la Gran Vía madrileña es no sólo el escaparate de la música, el cine y el espectáculo que se pueden ver en las innumerables salas de exposiciones, salas de fiesta, discotecas, restaurantes, espectáculos callejeros y un largo etcétera, que la convierten en un reclamo para madrileños y foráneos que quieren conocer esa parte de Madrid en la que se condensa toda la oferta de ver, oír y degustar, en su múltiples opciones, que le otorgan ese carácter indiscutible de un lugar variopinto, excitante, vivo y multicolor en el que siempre se encuentra aquello que se busca o la novedad inesperada que sorprende y que demuestra que Madrid es una ciudad en la que el arte y la cultura alcanza cotas de modernidad que inauguró la Gran Vía madrileña hace ahora cien años.