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06 marzo 2014

EL GRAVE PROBLEMA DE LA PIRATERÍA



El sector editorial no sólo está sufriendo una constante bajada en las ventas de libros que aumentó tanto en 2012 y ha seguido en 2013 -a excepción del paréntesis que supuso la Feria del Libro con un aumento de ventas con respecto al año anterior de un 20%, alza que no ha seguido una vez terminado el evento.. Dicha disminución en las ventas corresponde a dos causas: la crisis económica que sufre nuestro país que ha afectado a todos los sectores económicos, lo que ha supuesto un elevado descenso del consumo; y, por otra parte, a un problema que afecta a muchos otros países, pero especialmente a España, como es la piratería.

Según los estudios realizados en España al respecto, por cada dispositivo electrónico de lectura vendido, las cifras de ventas de ediciones digitales son siete veces menores que en otros países europeos como puede ser el caso de Italia. En España existen cinco millones de dispositivos electrónicos de lectura contando los tablets y los e-readers.

Las cifras sobre la piratería en España son escalofriantes, pues se calcula que asciende esta lacra para el sector editorial a un 40%.

Este fenómeno no es nuevo, porque hace cuatro años ya se producía y entonces se achacaba a que había pocos títulos digitalizados, mientras que en la actualidad son más de 30.000 las obras en formato electrónico a disposición de los lectores. Aunque esas cifras en aumento de edición digital no se han correspondido con un aumento de las ventas en dicho formato, a pesar de que los lectores de libros digitales  han pasado de un 1.7% en 2010, a un 9.7%, en 2012; pero, no es porque aumenten las ventas, sino lo que ha aumentado ha sido la piratería, ya que muchos de los consumidores de obras digitales lo hacen descargando ilegalmente dichas obras, aunque el precio medio de cada libro en formato digital disminuyó considerablemente y actualmente es de 7 euros e, incluso, menos.

Estos precios tan asequibles se consigue con gran esfuerzo por parte de los editores que intentan bajar los precios de dicho formato, a pesar de que a cierto nivel ya no compensarían gastos, entre los que se cuentan los gastos de derechos de autor, traducción -en su caso-, edición, diseño, impresión, etc., que se suelen aplicar a la edición en papel, lo que explica que la obra en formato electrónico tenga un precio menor y más competitivo.

Muchos servidores, a petición de las editoriales afectadas por las copias ilegales que se pueden encontrar en la red, borran los archivos que afecta a los derechos de terceros a petición de los propietarios legales de dicha obra que suelen ser las editoriales; pero eso no anula el problema porque aparecen de nuevo en otros servidores, la mayoría de los cuales están en Estados Unidos y Holanda.

Este hábito tan extendido, especialmente entre los más jóvenes entre los 25 y 40 años, especialmente mujeres, reconocen abiertamente que bajan de internet textos de forma ilegal, por ser una práctica que se considera normal y habitual. Es como si el hecho de no hacerlo, teniendo esa posibilidad, fuera algo propio de "primos", en una sociedad en la que los conceptos morales se diluyen como un azucarillo en un vaso de agua y se borran los límites del respeto a los derechos ajenos y sólo cuentan los intereses propios, pero esos sí que no los toque nadie.

Todo el daño que la piratería está causando al sector editorial es de proporciones gigantescas y parece no existir forma de controlarlo y combatirlo eficazmente. Solamente, poniendo barreras infranqueables a los amigos de lo ajeno -con la colaboración de los diversos servidores de internet, las empresas de telefonía y empresas de servicios de multimedia, a los que habría que vigilar y castigar con contundencia si no cumplen la ley y permiten a sus clientes publicar en internet obras en perjuicio de terceros, vigilando constantemente su actividad con los diferentes medios de control al efecto, y aplicando las sanciones correspondientes a los infractores-, se podría conseguir que el daño a editoriales, autores, libreros, y demás agentes del sector del libro sea mucho menor, evitando así que muchas editoriales se encuentren abocadas al cierre, autores que ven sus derechos burlados y distribuidores y libreros se encuentren en trance de desaparecer por el aumento de las copias ilegales de las obras digitalizadas y por la consiguiente bajada de las ventas de los ejemplares en papel, películas en DVD, o CD de música.

Pero, también, no hay que olvidar que la falta de sentido moral, de escrúpulos, y la indiferencia al dañar los intereses legítimos de escritores y editores con la práctica de la piratería, es una consecuencia incuestionable de la falta de sentido ético generalizado en esta sociedad que permite y fomenta tales hechos en quienes realizan esas prácticas ilegales, porque consideran, en general, que lo que les beneficia a los propios infractores siempre es bueno y aconsejable; y lo que perjudica al prójimo y legítimo dueño de la obra pirateada por esos actos ilegales son "daños colaterales" que no intentan hacer a propósito, pero que es ineludible al piratear la obra bajada ilegalmente de internet.

En definitiva, lo que falta, en general, es sentido moral y ético para que el propio ciudadano sea capaz de pensar que todo daño que está realizando a otro en sus legítimos derechos, le está perjudicando a él y a toda la sociedad en general, porque los creadores y escritores, editores, libreros y distribuidores son trabajadores que también tienen que recibir el correspondiente salario o beneficio económico por su trabajo y, si no, terminarán abandonándolo.

Esta consencuencia sería peligrosísimo para toda la sociedad, porque ellos son los diferentes eslabones de una cadena de producción, publicación y exhibición del pensamiento, del arte, la cultura y, en definitiva, de las claves de identidad de una sociedad que, sin esas obras, estaría realmente muerta intelectualmente y camino de su propia desaparición por caer en la más absoluta barbarie.

La piratería es una lacra social que está en manos de todos poder atajarla,porque si quienes bajan libros electrónicos de forma ilegal, música, cine o cualquier otra producción del intelecto humano, pensara unos segundos antes de hacerlo si su propia conducta antisocial no es la más flagrante contradicción con el hecho mismo de buscar y consumir productos culturales, porque en dicho acto de piratería se niega ipso facto el propio concepto de educación, de inteligencia y, por eso mismo, de cultura.